19 septiembre 2014

Historia de un salto a la valla

José Luis Pinilla, jesuita, director del Secretariado de Migraciones de la Conferencia Episcopal Española, viajó este verano hasta Tánger y Nador, para «acariciar las entrañas de aquellos que sufren». Inesperadamente, su visita coincidió con uno de los saltos a la valla, y pudo comprobar in situ cómo las congregaciones religiosas en la frontera trasladan a los heridos y acompañan a los miles de jóvenes que se amontonan en los bosques para intentar, una y otra vez, alcanzar Europa.

Me gusta empezar el camino peregrino por Tarifa, antes de cruzar el Estrecho. Lugar de primeras y últimas arribadas de inmigrantes. Unos llegan al comienzo de su peripecia en el continente europeo. Otros llegan para que sus restos queden para siempre entre nosotros. Beso la arena. Luego, rezo en el cementerio por los inmigrantes innominados -Dios sí sabe su nombre-, que la Iglesia entierra.
Por José Luis Pinilla sj

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