La enfermedad los zarandea de tal forma que los pacientes que consiguen curarse salen caminando con las piernas temblorosas, sin expresión alguna, masticando el espanto de haber visto morir a sus vecinos de cama, con los ojos vacíos, desgreñados, como si le hubieran dado a la muerte un beso de tornillo. La gente sale sudando de calor y miedo y una hediondez pegajosa lo impregna todo. Es casi como volver a nacer, pero el tránsito es doloroso.
Isata, de 22 meses de edad, entró en el hospital hace tres semanas acompañada de su madre, su hermana mayor y un oso de peluche. Hace unos días salió sola de la zona de aislamiento. Sus parientes, que intentaron cuidarla hasta el final, murieron carcomidos por el ébola y su mascota tuvo que ser incinerada para que no contaminara a nadie. Pero ella, contra todo pronóstico, ha sobrevivido y hoy es la paciente más joven en recuperarse de la enfermedad desde que fue reconocida en el Congo allá por 1976. Cuando los médicos vieron que sus pruebas de ébola ya daban negativo un grito de alegría y rabia recorrió el centro. Cada superviviente es una pequeña victoria, pero el triunfo con Isata tiene un valor simbólico en esta guerra contra el virus.
Isata, de 22 meses de edad, entró en el hospital hace tres semanas acompañada de su madre, su hermana mayor y un oso de peluche. Hace unos días salió sola de la zona de aislamiento. Sus parientes, que intentaron cuidarla hasta el final, murieron carcomidos por el ébola y su mascota tuvo que ser incinerada para que no contaminara a nadie. Pero ella, contra todo pronóstico, ha sobrevivido y hoy es la paciente más joven en recuperarse de la enfermedad desde que fue reconocida en el Congo allá por 1976. Cuando los médicos vieron que sus pruebas de ébola ya daban negativo un grito de alegría y rabia recorrió el centro. Cada superviviente es una pequeña victoria, pero el triunfo con Isata tiene un valor simbólico en esta guerra contra el virus.
Por Alberto Rojas
Foto de Sebastián Stein

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