Los obispos no deben ser «apagados o pesimistas», sino, por el
contrario, deben cultivar y defender la “evangelii gaudium”. No deben
tener «fecha de caducidad», como «medicinas que pierden la capacidad de
curar». Deben dialogar con las «grandes tradiciones» en las que se
encuentran sumergidos, sin necesidad de defender las propias fronteras.
Que no crean que deben «cambiar al pueblo»; deben conducirlo,
introducirlo a Dios, sobre todo a los jóvenes y a los ancianos. Los
obispos deben acompañar a los sacerdotes, incluso a aquellos que acaban
en los bajos fondos de la existencia. Tampoco deben caer en la
“tentación” de sacrificar la propia libertad rodeándose de «cortes,
grupúsculos o coros de consenso»; deben, en cambio, ejercer una
«paternidad» firme y dulce. Papa Francisco dirigió estos consejos a los
obispos nombrados durante el año, a quienes recibió esta mañana en
audiencia.
Por Iacopo Scaramuzzi

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