Amiga Rahola: Gracias por tu carta del sábado santo. Como decías en
aquella columna, ya que “hemos creado una tradición”, voy a seguir con
ella. Para despejar dudas, hago mías de entrada las palabras de
Francisco al rabino de Roma: como cristiano “tengo un alma judía”.
Muchos siglos ha, dijo lo mismo otro cristiano judío de Tarso: “de ellos
son las promesas” (Rom 9.4).
Y déjame contarte que en mi curso del cole, por los años 40, teníamos
un compañero alemán, supuestamente judío y escapado de Hitler. A veces,
con la típica inconsciencia adolescente, algunos compañeros buscaron
divertirse insultándole como judío. Hasta que el P. Manubens, jesuita
catalán, bajito, rompetechos y profesor de filosofía, levantó la voz
para decirnos en clase: “Jesús era judío y María también. Por tanto
quien insulte con ese adjetivo está blasfemando”. Se me grabó tanto que
aún lo recuerdo.
Por J.I. González Faus

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