Las apariencias de este mundo y la gran variedad de bienes materiales que se van introduciendo en nuestras vidas por medio del ambiente, en sí buenos y útiles, pueden hacer que nos lleven a una dependencia tal, que perdamos lo esencial de la vida. Vamos creando en torno a nosotros, necesidades que ya no podemos dejar.
Hoy vivimos en medio de muchas necesidades creadas por la sociedad y por nosotros mismos; en tiempos pasados, nadie se moría por no tenerlas. Hoy, en cambio, sin un celular en el oído o una computadora en la casa, un coche para desplazarnos, unas copitas de licor para ponernos contentos el fin de semana o incluso en medio de ella, sentimos que nos falta algo, que estamos limitados y excluidos del medio ambiente del cual formamos parte. En el fondo, lo que sentimos es que vamos perdiendo el sentido de vivir y vamos cayendo en el laberinto de lo superficial.
Con Dios, y una vida con un horizonte trascendente, cambian radicalmente nuestras expectativas, y con ella, la vida. Tenemos que cuidarnos de los oropeles de este mundo, de sus seducciones, de sus fantasías, y caminar por la senda de la verdadera vida, y no de aquella que pasa rápido sin dejar ninguna huella. Preocúpate más de tu interior que de las cosas externas...
Por Dennis Doren

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