Sin embargo, a medida que uno va avanzando en el camino de la fe, interiorizando determinadas experiencias, dejándose tocar y acogiendo con ojos confiados la realidad que nos envuelve, esa frase pasa de ser una simple regla de cortesía a convertirse en el fundamento de toda experiencia espiritual, comenzando por la que el propio Dios realiza, por pura iniciativa suya, y en la que se condensa el mensaje del Corazón de Jesús. Una festividad quizás hoy un tanto olvidada, tal vez edulcorada en exceso, pero una festividad que contiene el mensaje fundamental de nuestra historia de Salvación.
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