De la página Facebook "En todas las cosas" :
Contaba recientemente un matrimonio lo que le había ocurrido a uno de sus hijos con la hija de aquel. La niña fue adoptada en un país extranjero hace unos seis años. La empresa del padre atravesaba dificultades serias. La madre estaba en paro, ahora le podría tocar al padre. La niña hizo una pregunta ingenua: “¿vamos a ser pobres?”. Después otra: “si somos pobres, ¿me vais a devolver a mi país?”. Al padre y a la madre se les hizo un nudo en el estómago y otro, mayor, en el corazón. Con dificultad pudieron contener el llanto. A Dios gracias, no tenían que elegir.
Nuestra relación con el dinero puede ser un buen test de nuestra fe-confianza en Dios. Eso es lo que nos dice el Evangelio. El dinero siempre nos ata, genera dependencias o tenemos buenas razones-excusas para no desprendernos de él. Lo vemos en las familias: asegurar el futuro personal o de los hijos. Siempre hay un “por si acaso”, que nos indica que no nos fiamos del todo de Dios.
Lo vemos entre aquellos y aquellas que hemos hecho voto de pobreza en la vida religiosa. Nos cuesta desprendernos. Parece que no nos pertenece lo que tenemos y, por lo tanto, no podemos tomar decisiones ¿drásticas? ¿evangélicas?, por ejemplo como las sugeridas por el Papa Francisco de abrir nuestras residencias vacías a los empobrecidos de nuestra sociedad. Parece que lo que tenemos, poco o mucho, no nos pertenece, es fruto del trabajo y del ahorro de los que nos precedieron. A ellos les tenemos que asegurar unos cuidados de calidad en el presente y, además, para nosotros asegurar un futuro digno. Por otro lado, no sabemos qué es lo que vamos a necesitar para mantener nuestras plataformas apostólicas (¡!). Siempre hay un “por si acaso”, que nos indica que no nos fiamos del todo de Dios. Tampoco aquellos que decimos que lo hemos dejado todo por seguirle.
La llamada de Jesús a no preocuparnos por las cosas materiales y a poner nuestra fe-confianza en Dios, no es una invitación a una vida pasiva y descomprometida. Todo lo contrario. El evangelio nos invita a ser muy activos en la búsqueda del Reino de Dios y su justicia. Descentrarnos de nosotros y liberarnos de todo aquello que nos pueda atar, desenmascarar los sistemas injustos vinculados a la idolatría del dinero, para poder encontrar al Dios verdadero, que siempre nos espera en la persona del prójimo, de manera especial en aquel que se encuentra en necesidad… todo lo demás se nos dará por añadidura.

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