Doy por sentado que la película, o la historia, la conocéis. De no ser así, dedicarle unos minutos de vuestra vida. Merece la pena. Es una original manera, nacida de un joven alumno, de responder a la pregunta que un profesor le hizo en clase.
De todas maneras, lo mío es reflexionar sobre lo que enseña. O lo que yo he podido aprender del hombre a partir de la película. La he visto, dicho sea de paso, unas cuántas veces. La primera vez “me la pusieron” en el contexto de un fin de semana amplio. Después me han repetido aquello a base de fragmentos. Nadie volvió a usar la película completa conmigo. Con el recuerdo de lo esencial era suficiente. Y yo, a su vez, he hecho lo propio con otros. También he proyectado la película completa o fragmentos, según las circunstancias.
Ahí van mis conclusiones:
- La propuesta es excelente. Sencilla, comprensible, directa, práctica. Implica a muchos, contagia. Provoca viralidad, corresponsabilidad entre unos y otros. Una vez puesta en marcha parece no tener freno.
- No basta con ver la película y aplaudir la idea. Esto ya lo he hecho. De nada ha servido. Complace un rato y poco más. Es más, diría que hemos hecho inútil la genialidad de uno de los nuestros, de uno de los más pequeños. Conocemos demasiadas cosas que luego en nada nos implican ni afectan. Nos hacen aplaudir o llorar, pero luego nos sacudimos la sonrisa o limpiamos las lágrimas para que todo siga como está.

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