09 septiembre 2013

Síntomas de aceptación de la debilidad

Sabemos que somos débiles, pero lo sabemos muchas veces al modo como conocemos las cosas a través de los libros o como miramos el mundo por la ventana de nuestra cómoda habitación. Y todos sabemos que, por mucho que sepamos sobre algo, una cosa es tener noticia de ello y otra muy diferente vivir, responsabilizarse y comprometerse en el grado que demanda nuestra aparente sabiduría. De ahí que entre hablar -o escribir, que es peor- y ser exista una gran diferencia. Por mucho que nos empeñemos. La verdad, dicho de otro modo, no se alcanza en la distancia. Es preciso acercarse, o dejarse alcanzar por ella. En ocasiones no podemos elegir el modo en que llegamos a la sabiduría.

Indiscutiblemente una de las cosas que más nos cuenta aceptar de nosotros mismos es precisamente la debilidad, la limitación. Comporta una especie de sufrimiento, algo inhumano. Lo nuestro parece ser ir más allá, trascender las fronteras. Y sin embargo una y otra vez nos topamos, antes de salir de nosotros mismos, con la fragilidad y la finitud, primeramente la nuestra.

Sobre los síntomas, apunto algunos. No de los leídos, sino de los vividos.
  1. Poder poner nombre concreto. Hace falta ser valiente.
  2. Sufrir la frustración del límite y las incomodidades.
  3. Pedir ayuda sin remilgos ni culpabilidades.
  4. Lo anterior supone ser capaz de hablar de ello.
  5. Aceptar ayuda sin haberla pedido.
  6. Lo anterior supone que o bien se ve o bien hemos dejado ver lo que nos pasa.
  7. Acoger la frustación cuando llega.
  8. No plegarse al momento de la debilidad. La vida engloba mucho más.
  9. Querer al hombre concreto, a lo humano aunque sea distante.
  10. Amar la debilidad en el otro, con compasión y ternura.

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