En ocasiones mentimos. Unas veces por miedos y malignidades. Otras por desconocimiento e ignorancia. No creo que sean equiparables una y otra. Al menos en mi caso. Aunque bien nos valdría de vez en cuando recordar que el silencio existe, y que es una posibilidad, así como ejercitar nuestra libertad a manifestar que ni lo sabemos ni lo podemos todo. La docta ignorancia también ha libertado de muchas esclavitudes, condenas y mentiras.
Cualquier persona mínimamente religiosa y formada, o agnóstica y respetuosa, sabe que lo que se dice de “la religión” dista en ocasiones mucho de la vida real y cotidiana de una persona religiosa de carne y hueso. Las mentiras que se vuelcan son tantas que oscurecen el camino sincero para aquellos que tienen cuestiones abiertas o sienten la presencia de lo Absoluto, tremendo y fascinante. A mí esto me parece lo más triste, porque quienes hablan y sacan pancartas de libertad máxima para todos, a la vez parecen cerrar puertas al diálogo con motivos poco racionales. Me resulta casi evidente descubrir que son tópicos inaplicables a toda vida humana, sea religiosa o no-.
- Te hace la vida cómoda y fácil, eliminando complicaciones. Exactamente no sé a quién se le puede ocurrir o pensar que esto puede tener algo de verdad. Son demasiados los testimonios de personas religiosas, cuyas biografías han sio escritas o que están a nuestro alrededor, que precisamente por ser lo que son, y no renunciar a ello, se han complicado ellos mismos la vida. Sólo hace falta ver para reconocer esto con sinceridad.
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