Según algunos, expresión en vías de extinción. Parece que nos seguimos tanto y tan de cerca, que la intimidad está en horas bajas. Fotos, lugares, movimientos. Incluso algún que otro pensamiento pululando, y cientos de sentimientos y emociones desbordadas.
Que no. Que este no es el camino. Que al final terminamos sorprendiéndonos de que la gente viva fuera de la red, se mueva en coche y coma comida normal en lugares normales. Que al final nos parecemos a los niños pequeños que se quedan perplejos por ver a sus profesores fuera del colegio, como si ese no fuera también su mundo. Que al final encasillamos, porque en Facebook y Twitter somos mucho más coherentes y con un perfil más normalizado. Que al final, digo yo, que debemos andar con cuidado para no apilar demasiados ladrillos y establecer nuevas fronteras en la red. Que al final nos daremos cuenta de lo que suponen las redes sociales, “el internet”, los blogs, las webs, las relaciones que se establecen, las fuentes de contenido.

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