08 noviembre 2012

Un país sostenido por los ‘tupper’

“Tupperware” para una semana. (A.S.)

Dormir en el salón de un familiar, o pagar el alquiler gracias a la ayuda que te prestan. Tomar un aperitivo gracias que invitan los amigos, o evitar un desalojo con la ayuda de desconocidos son situaciones frecuentes tras más de 4 años de crisis económica en España.Son cada vez más familias sin ningún tipo de ingreso y cada vez menos recursos de protección social, familiares, amigos y asociaciones se convierten en el bote salvavidas al que muchos han tenido que aferrarse.

La tarde que Bárbara le confesó a su abuela que no tenía cómo pagar su hipoteca, ésta sacó de  un cajón una bolsa de plástico con dinero y se la dio. La mañana siguiente Bárbara vio un ingreso en su cuenta. No eran grandes cantidades, pero eran dos meses de alivio. Al recordarlo, Bárbara repite varias veces dos palabras: humillante y agradecida.
Bárbara es una de esos miles de españoles que durante un tiempo han recibido la ayuda de algún familiar para salir adelante, mientras llega esa especie de milagro en el que se ha convertido encontrar trabajo en los últimos años. Esto, a pesar de que ha hecho todo lo que dijeron a su generación que había que hacer para prosperar. Estudiar una carrera (Historia),  trabajar un tiempo fuera (Inglaterra), y especializarse (en derechos humanos y feminismo).
Con una tasa de desempleo superior ya al 25% y más de un millón y medio de familias sin ningún ingreso durante meses, en España se ha producido un espectacular aumento de las ayudas entre familiares y amigos, así como de las redes de apoyo entre desconocidos. Un enorme flujo de solidaridad que no se refleja en muchas estadísticas, pero sin la cual no se entiende la relativa paz social que aún se mantiene en el país.
La Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN-España) alerta del imparable aumento familias enteras sin apenas oportunidades laborales. En 2011, más de 12 millones de residentes en España, es decir, uno de cada cuatro habitantes, se encontraba según esta plataforma de ONG, con “privaciones materiales severas”, y no parece que en el presente año vayan a mejorar estos datos.
Con este panorama, las pensiones  se estiran como un chicle. Los tupper ware se agrandan, y de muestras de cariño se convierten en el modo de asegurarse de que a algún miembro de la familia no le falte de comer durante la siguiente semana. Ingresos en la cuenta sin avisar, préstamos con un “en cuanto pueda te lo devuelvo todo” como única fianza… Las casas se dividen y los comedores se convierten en improvisados dormitorios, “hasta que se encuentra algo mejor”.

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