Por Bonifacio Fernández, cmf
En una cultura bastante emocional como es la nuestra, suena bien la palabra ternura. Se asocia a una constelación de experiencias gratificantes. Se trasponen los significados inmediatos a la dimensión religiosa. Atribuimos este concepto a Dios mismo: la ternura de Dios. Desde hace algún tiempo se ha ido popularizando este lenguaje en la teología y en la antropología. El Dios amor es el Dios clemente y compasivo, el Dios ternura. Es una dimensión del amor incondicional, gratuito y creador de Dios. La ternura pone de relieve un rasgo de su amor, es decir, la intimidad, la singularidad del Dios amor.
Esta idea de la ternura nos lleva a perfilar mejor las relaciones humanas especialmente la relación conyugal. Conviene distinguir entre el deseo, la ternura, el amor. Tal vez la idea del matrimonio desde el noviazgo está determinada por la identificación entre la sexualidad y amor.

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