Que los
diversos deportes
que el hombre
desarrolla en el estadio
le
configuren y desarrollen una imagen integral de la persona;
Que toda
actividad deportiva,
Sea del
signo que fuere,
se realice
según justos criterios
y tienda a
desarrollar fuerza, agilidad, resistencia y armonía física,
y éstas a
crecer y desarrollar las mismas energías interiores
convirtiéndose
la escuela del deporte
en escuela
de lealtad y de coraje,
de
conformidad y de decisión
de paz y
hermandad entre los pueblos.
por Antonio Díaz Torjada, Sacerdote-Periodista

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