Señor y
Padre de todos los hombres:
Nos ponemos
ante tu mirada benevolente
y ponemos en
tus manos la vida, el trabajo y el esfuerzo
de todos los
deportistas
que compiten
por una corona que se marchita.
Ellos que
compiten por los laureles de la victoria;
ayúdales a
luchar también
para guardar
la integridad de la persona humana
y alcanzar
la corona imperecedera de la Eternidad.
por Antonio Díaz Torjada, Sacerdote-Periodista

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