Por monseñor Felipe Arizmendi Esquivel, obispo de San Cristóbal de las Casas, México, sobre la atención de la Iglesia a los jóvenes.
HECHOS
Con ocasión del proceso electoral en nuestro país, irrumpió una voz nueva en la sociedad, la de los jóvenes, sobre todo universitarios. Después de años de pasividad, indiferencia, apatía, comodidad, individualismo, de pensar sólo en modas, sexo y placeres, de estudiar para escalar puestos y ganar mucho dinero sin tanto esfuerzo, ahora salieron a la calle y expresaron sus inquietudes sobre las realidades sociales y políticas. Ojalá otros jóvenes también despierten y participen, sin dejarse manipular por quienes se cuelgan de cualquier movimiento contestatario y medran para su propio interés.
En mayo pasado, realizamos nuestra asamblea diocesana, con el objetivo de cuestionarnos cómo acompañar pastoralmente a los jóvenes. Participaron muchos de ellos, dando a nuestra reunión un toque alegre, participativo y jovial, pero también apremiante, exigiéndonos un cambio de nuestra parte. Se enunciaron los problemas de la juventud actual, pues la cultura globalizante llega hasta las comunidades indígenas; viven otro mundo, que a los adultos nos cuesta comprender y asumir; pero también resaltaron sus sueños y esperanzas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario