Por Mª Dolores Giménez FI
Alguien ha dicho que sólo el AMOR Y LA MUERTE transforman todas las cosas… Mañana, nueve de agosto, un año más, Salamanca se viste de fiesta y las Hijas de Jesús nos sentimos convocadas a celebrar, a compartir y agradecer nuestra vocación en estos días de encuentro y fraternidad. Y al recordar la muerte de la M. Cándida hace 100 años, le damos gracias al Señor por la vida que se ha ido generando a partir de entonces. Vida que no se quedó en Salamanca ni en el entorno de las primeras fundaciones sino que cruzó los mares realizando su sueño misionero.
Al anunciar el año jubilar, la M. General nos expresaba su deseo: “que este año sea para nosotras un tiempo de transformar la gratitud en gratuidad, verdadero año de gracia que bíblicamente significa darnos a todos la oportunidad de empezar sin deudas, sin marcas que nos paralicen, sin posturas que nos dividan. Empezamos este año haciendo memoria del camino de aquel grupo de Hijas de Jesús que llegaron a América. Ellas, fieles a su vocación, fueron capaces de salir de sí mismas, de sus tierras, culturas, costumbres. Y al hacer memoria es bueno que nos volvamos a preguntar: Para ti ¿quién soy yo? Vuestra vida ¿qué está comunicando de mi y de lo que propongo en el evangelio?”

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