En un lenguaje simbólico, para hacer ver la necesidad del descanso para todo ser humano, la Biblia dice que, al terminar la obra de la creación, Dios descansó (Ex 20,11). Jesús, cuando ve que sus apóstoles han trabajado mucho en la misión evangelizadora que les encargó, les invita a descansar: “Vengan conmigo a un lugar solitario, para que descansen un poco…Se dirigieron en una barca hacia un lugar apartado y tranquilo” (Mc 6,31-33).
Cuando algunos me preguntan qué me ha servido mucho en mi vida, les respondo que son cinco cosas: Estar en paz con Dios y con mi conciencia. En cuanto de mí depende, estar en paz con las demás personas. Ser feliz en mi vocación. Trabajar mucho. Saber descansar.
No cualquiera sabe descansar. Algunos terminan más cansados en sus días de descanso, porque se atiborran de vino, de comida, de vagancia, de no hacer nada útil, de excederse en todo. Cada quien debe educarse a sí mismo para lograr un verdadero descanso, pues no todos nos distendemos de la misma manera. Se puede caminar, andar por la playa o la montaña, ir a un lugar apartado y tranquilo, practicar algún deporte, leer un buen libro o una novela sana, ver algo positivo en la televisión, disfrutar una película, visitar un museo, conocer otros lugares, convivir con la familia, dormir, meditar la Biblia, orar, estar un buen rato ante Jesús Sacramentado. Esto a mí me relaja mucho, me alienta, me fortalece, me da paz, serenidad y ánimo. Hay que educarse para saborear el silencio y no tenerle miedo.
Por Monseñor Felipe Arizmendi Esquivel
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