Después de una experiencia y unos días intensos, nos damos cuenta de lo importante que es guardar en el corazón lo que ha sucedido en nosotros esos días. Algo más que tiempo, como tantas veces digo. Algo que pertenece a la eternidad, que gira el rumbo de nuestras historias, que nos libera del tránsito parasitario de los días y las horas. Quien no aprende entonces a guardar, se expone al bapuleo de los ignorantes que no han compartido (ni podrán de momento compartir) todo cuanto ha sucedido. Mejor que “decir las cosas” es permitir que otros “vean los resultados”. Allí, en lo presente, quizá surjan preguntas para sus propias vidas, en lugar someter a un tercer grado a quienes abandonaron casa para lanzarse a la aventura en el camino de la vida.29 julio 2012
Que (no) te quiten lo bailado
Por José Fernando, Escolapio
Después de una experiencia y unos días intensos, nos damos cuenta de lo importante que es guardar en el corazón lo que ha sucedido en nosotros esos días. Algo más que tiempo, como tantas veces digo. Algo que pertenece a la eternidad, que gira el rumbo de nuestras historias, que nos libera del tránsito parasitario de los días y las horas. Quien no aprende entonces a guardar, se expone al bapuleo de los ignorantes que no han compartido (ni podrán de momento compartir) todo cuanto ha sucedido. Mejor que “decir las cosas” es permitir que otros “vean los resultados”. Allí, en lo presente, quizá surjan preguntas para sus propias vidas, en lugar someter a un tercer grado a quienes abandonaron casa para lanzarse a la aventura en el camino de la vida.
Después de una experiencia y unos días intensos, nos damos cuenta de lo importante que es guardar en el corazón lo que ha sucedido en nosotros esos días. Algo más que tiempo, como tantas veces digo. Algo que pertenece a la eternidad, que gira el rumbo de nuestras historias, que nos libera del tránsito parasitario de los días y las horas. Quien no aprende entonces a guardar, se expone al bapuleo de los ignorantes que no han compartido (ni podrán de momento compartir) todo cuanto ha sucedido. Mejor que “decir las cosas” es permitir que otros “vean los resultados”. Allí, en lo presente, quizá surjan preguntas para sus propias vidas, en lugar someter a un tercer grado a quienes abandonaron casa para lanzarse a la aventura en el camino de la vida.
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