Quizá una de las cosas que más cuesta en la oración es asumir los tiempos en los que no siento nada, en los que parece que soy incapaz de escuchar la voz de Dios o cuando después del tiempo de oración parece que estuve allí sólo.
En la sociedad en que vivimos triunfan y son modelos aquellos que se han hecho a sí mismos, los que triunfan gracias a sus capacidades, los que han llegado a la cima de sus profesiones por ser mejores que los demás. Y sin duda que el esfuerzo es un valor, pero muchas veces en nosotros esa capacidad de lucha y esfuerzo por perseguir lo que queremos se va impregnando de autosuficiencia.Parece que nuestros logros sólo llegan fruto de ese esfuerzo, que no debemos nada a nadie, que nos bastamos nosotros solos.
Por suerte para nosotros la oración es una escuela de todo lo contrario. Exige perseverancia, fidelidad y un esfuerzo personal por acercarse a Dios. Exige movilizar todas nuestras capacidades en la búsqueda de su palabra para nuestra vida.
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