06 junio 2012

Último día de fiestas en Salamanca

¿Cuántos de vosotros habéis visto cómo se convertía vuestro salón en leonera cuando vuestros hijos han vuelto de pasar unos días de campamento? ¿Cuántos al regresar de vuestras vacaciones, no podíais cerrar la maleta y os habéis sentado encima? ¿Cuántos habéis hecho precisamente esa maleta con mucha ilusión pero os ha entrado una pereza terrible al tenerla que deshacer?
Todos estamos unidos a nuestro equipaje, el que nos ha acompañado este curso y el que llevamos a lo largo de la vida. Al principio es pequeño y pesa poco. En una sencilla bolsa de mano llevamos lo que creemos que será necesario.

Pero, poco a poco, la maleta se convierte en parte de nosotros mismos y en ella acumulamos los que creemos que necesitaremos más adelante: aquello que sirve, aquello que no, eso que los demás nos dicen que metamos, lo que guardamos por si acaso...
Pero la maleta se llena... se llena de tantas cosas que, sin darnos cuenta, nos hacemos esclavos de la misma y a veces, es necesario hacer un alto en el camino y sacar aquello que no es útil para quedarnos con lo que nos será realmente imprescindible. De no hacerlo corremos el riesgo de llegar a decir: ¿Dónde guardé los buenos momentos? ¿Y la felicidad? ¿Traje el botiquín de ayuda al necesitado?
En este año que ha estado marcado por el jubileo, llegamos al final del trayecto con nuestra maleta llamada corazón ligera de cosas innecesarias y repleta de experiencias, momentos para recordar, compañeros de viaje, sonrisas, cariño, dificultades superadas... Y por eso, el pasado domingo el colegio FI de Salamanca celebró con una eucaristía, una paella compartida y un concierto solidario que este curso hemos metido un año en la maleta, hemos metido un año de amor.











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