Es urgente ser “testigos de los valores del Evangelio en Siria”, y
“redescubrir nuestra vocación a ser luz, sal y levadura en las
sociedades árabes”. Es el llamamiento de los padres sinodales en la
conclusión del Sínodo de la Iglesia grecocatólica melquita, celebrado
del 18 al 24 de junio en el Líbano.
Al Sínodo, presidido por el
patriarca Gregorio III Laham, quien reside en Damasco, Siria, han
asistido obispos y representantes de Oriente Medio, América, Australia.
En el mensaje final de la Asamblea --informa la agencia Fides--, los p
sinodales hacen hincapié en “la dramática situación que prevalece en
nuestra región en general y en Siria en particular”, expresando el temor
de que “la sangre derramada dejará sobre las espaldas muchos rencores y
será difícil curar heridas”. “Esto –afirma- es más peligroso que la
guerra misma”, asegurando al mismo tiempo que “la Iglesia se mantendrá
al lado de todos sus hijos, especialmente aquellos que han emigrado de
sus hogares”.
Los obispos están “a la espera de la histórica visita del papa a
Líbano y al Oriente Medio --que se espera en septiembre, como conclusión
del Sínodo de los Obispos de Oriente Medio- para reiterar las razones
de la justicia y la paz, especialmente en Palestina y Siria”.
Invitan todos los fieles a vivir la espera de la llegada del papa “en
oración, en las iglesias y en los hogares, para obtener justicia y
paz”. En particular, el Sínodo exhorta a los dirigentes del Líbano a
“continuar con el diálogo nacional”, señalando que el Líbano es “una
tierra de seguridad, hospitalidad, apertura a los hermanos árabes” y su
misión es la de tener “amor y confianza en ellos”.
El Sínodo, que también ha examinado los asuntos internos sobre la
formación del clero y ha nombrado a algunos obispos, también ha aplicado
las directrices del Sínodo de los Obispos sobre la Nueva
Evangelización, que se celebrará en Roma el próximo mes de octubre.
Por último, la Asamblea ha aprobado la apertura del proceso de
beatificación de Boutros Wadih Kassab, un laico, padre y apóstol del
Delta egipcio, que vivió las virtudes cristianas y evangélicas,
encargando de ello al Patriarcado de Alejandría, al que pertenecía
Kassab.
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