Carta nº 152 Noviembre 1898
“… gracias a Dios, no
falta quien mire por nosotras”
Siempre hay
motivos para dar gracias, incluso aun cuando no lo veamos. Siempre hay razones
para dar gracias a Dios.
Hoy
quiero dar gracias por un nuevo curso que acaba, por todas las experiencias que
me han hecho crecer y aprender, por todas las nuevas personas a las que me he
acercado y de las que he aprendido mucho.
Hoy
quiero dar gracias por seguir descubriendo que no me siento solo, porque
alrededor de mí existen personas que comparten esa forma de entender la vida,
porque desde lo poco que puedo aportar sigo dispuesto a hacerlo.
Hoy,
al final de este mes y de este curso, quiero dar gracias por la vida, por seguir
teniendo la oportunidad de ayudar y dejarme ayudar, por descubrir que el
servicio sigue siendo mi forma de entender el hoy.
Quiero
dar las gracias a Dios porque sigue habiendo personas que miran por mi. Y
descubro que debo seguir mirando por todos los que pueda, mirar y escuchar. Y
en este tipo de relación, me quedo con el cuento de Sócrates:
“En la antigua Grecia, Sócrates
fue famoso por la práctica de su conocimiento, con alto respeto. Un día un
conocido se encontró con el gran filósofo y le dijo:¿Sabes lo que escuché acerca de tu amigo?
Espera un minuto, replicó Sócrates. Antes de decirme cualquier cosa querría que pasaras un pequeño examen. Es llamado el examen del triple filtro.
¿Triple filtro?
Correcto, continuó Sócrates. Antes de que me hables sobre mi amigo, puede ser una buena idea tomar un momento y filtrar lo que vas a decir. Es por eso que lo llamo el examen del triple filtro.
El primer filtro es la verdad: ¿estás absolutamente seguro de que lo que vas a decirme es cierto?
No, dijo el hombre, realmente sólo escuché sobre eso y...
... Muy bien, dijo Sócrates. ¡Entonces realmente no sabes si es cierto o no!
Ahora permíteme aplicar el segundo filtro, el filtro de la bondad: ¿es algo bueno lo que vas a decirme de mi amigo?
No, por el contrario...
Entonces, continuó Sócrates, tú deseas decirme algo malo sobre él, pero no estás seguro de que sea cierto. Tú puedes aún pasar el examen, porque queda un filtro; el filtro de la utilidad: ¿será útil para mí lo que vas a decirme de mi amigo?
No, realmente no.
Bien, concluyó Sócrates. Si lo que deseas decirme no es cierto ni bueno e incluso no es útil, ¿por qué decírmelo?
Es
un buen momento para una última evaluación sobre cómo he utilizado los filtros en
mi relación con los demás.
Con
esta perla me despido hasta septiembre deseando a todos unas felices vacaciones
y sobre todo a los que van a Brasil. Un abrazo

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