25 junio 2012

A los que hoy se casan, están casados o se lo andan pensando

Por José Fernando, Escolapio

¡Sed felices! Os lo digo de corazón, casi empalagosamente. ¡Sed felices! Ninguna otra meta puede ser ni tan humana, ni tan deseable, ni tan esencial hoy como esa. ¡Sed felices! Os lo repito cansinamente, ¡sed felices! Los días que corren, que son todos, pueden dejar huella en vosotros si no vivís en las nubes de la ignorancia, del deseo, de lo meramente esperado. Comprometed vuestras vidas en esta alta meta, tan pegada a la tierra y a las cosas de los hombres, como encumbrada sobre las montañas, los cerros altísimos y las nubes del horizonte.
De nuevo hoy tengo la oportunidad de acompañar a dos parejas en su matrimonio cristiano. Diacrónicamente. Por la mañana, por la tarde. Y una tercera pareja a la que visitaré, con gusto, esta noche cuando nazca su pequeña. ¡Cuánta vida! ¡Cúanto sueño! ¡Cuánto amor!

Soy de esos, por otro lado, que buscan encontrar sentido a lo que hacen. Unas veces preguntándome a base de estudio, y de lecturas. Otras dejándome llevar por la intuición. No me agrada tanto cambiar y renovar, cuanto conformarme con lo que hay entrando en su misterio. Y he descubierto con el paso de los años que la liturgia del matrimonio es tremendamente rica, verdaderamente bella, y magníficamente prudente. Supongo que se podrían decir muchas más cosas, crear nuevos símbolos, alargarla hasta la saciedad con palabras y palabras, intervenciones e intervenciones. Pero la que hay es sobria. Vivida pausadamente no supera los 45 minutos. Pero insisto, se pueden hacer, seguramente se hagan muchas otras cosas. Yo me conformo con lo que hay, y me sobra. Al mismo tiempo se proclama presente, y pide continuidad, desarrollo, crecimiento, expresión, longitud. La liturgia se asemeja de este modo a un concentrado, al que hay que ir nutriendo de agua con tiempo para que llegue a plenitud, o semilla que hoy germina aguardando el fruto que vendrá, dará sabor y nutrirá la existencia.

No hay comentarios: