Mientras la diplomacia internacional daba un nuevo paso en la condena
del régimen de Damasco, los enfrentamientos se han recrudecido. Al
menos 78 personas habrían sido asesinadas la pasada noche en la aldea de
Al Qubeir, en la provincia de Hama, en el noroeste del país, según un
comunicado difundido por los Comités de Coordinación Local. De acuerdo a
este grupo opositor, que aglutina a gran parte de las milicias contra
el presidente, Bachar el Asad, en el terreno, 35 de las víctimas
pertenecen a la misma familia, y la mitad de los fallecidos son mujeres y
niños. Activistas opositores consultados por la agencia Reuters han
asegurado que las víctimas murieron apuñaladas por los combatientes
leales al régimen.
Otro grupo de la oposición antiAsad, el Observatorio Sirio de
derechos Humanos, con sede en Londres, rebaja los fallecidos en la
masacre a 24. Y el régimen, del que se desvincula y acusa a un grupo
armado, asegura que son nueve los muertos.
Si las muertes se confirman, la matanza de Al Qubeir sería de magnitud similar a la ocurrida en Hula,
en la provincia de Homs, el pasado 25 de mayo. Entonces más de un
centenar de personas —49 de ellos niños— murieron a manos de las
milicias leales al régimen conocidas como shabiha, según las
primeras investigaciones de Naciones Unidas. Son grupos armados
conocidos por su brutalidad, que proliferan al servicio de un régimen
cuyo Ejército sufre cada vez más deserciones.
Este miércoles también se produjeron duros enfrentamientos en otros
puntos del país. Hubo fuertes combates en las afueras de la capital,
Damasco, feudo del régimen aún pero cada vez menos inmune a los ataques
de los alzados. Dos personas murieron en los enfrentamientos. Vecinos
del centro de la ciudad contaron a Reuters que oyeron fuertes tiroteos y
activistas de barrios cercanos aseguraron haber oído explosiones y
fuego de ametralladoras e incluso helicópteros en algunas zonas.
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