24 junio 2012

La vida no se deja controlar

Por José Fernando, Escolapio

Es tan sencillo hacer la experiencia de indefensión y de falta de control de la Vida, que no entiendo todavía cómo somos capaces de creernos sus dueños y sus planificadores. Tampoco acabo de ver que en lugar de disfrutar, es decir, responder a la vida viviendo, multiplicando vida, andemos detrás de nuestros propios objetivos sin dejarnos llevar, ser inteligentes y participar en su torrente.
No terminamos de acoger que la Vida mayúscula se mueve en un orden de verdad y de bondad diferente al que habitualmente manejamos en el mundo de las cosas, tan pegado a la tierra, tan cercano a nuestra manipulación. Aunque estemos delante de lo sublime encontramos algunas personas que incluso tienden a apropiarse todo cuanto puedan, acaparadores sumos. Estos terminarán por reconocer que lo anteriormente dicho es una verdad irrefutable, que la vida juega en una liga superior a la nuestra, en la que participamos por gracia y don sin quedarnos relegados de su movimiento en el banquillo. Estos son los que agacharán las orejas con las coces del sufrimiento y el dolor, y aprenderán entonces una parte de la verdad antes dicha; pero no toda. Porque esperaron en sus circunstancias favorables heredar un trono que no les correspondía.

Los del párrafo anterior despiertan con sustos. Pero estimo que la Vida educa de diferente modo, e introduce en su misterio y abismo de una manera mucho más suave, infinitamente más bella, tremendamente más potente. Hasta que llega el momento del dolor, de la frustración y del sufrimiento se ha amado, se ha reído, se ha gozado, se ha soñado, se ha elegido en libertad, se ha viajado, se ha profundizado. Y todo eso sí que es vida. Normalmente Vida en Abundancia. ¡Será por oportunidades y regalos! Lo que ocurre es que esto, por desgracia, suscita habitualmente menos interrogantes, es susceptible de confundirse con sucedáneos de vida, nos permite vivir en paz y sin demasiadas angustias y preocupaciones. Es terrible considerar que despertamos a esta verdad ante el impacto doloroso de algo, en lugar de abrir los ojos a la Vida cuando encontramos alguien a quien amar, cuando realizamos la justicia, cuando ponemos orden el mundo, cuando soñamos con otros, cuando nos esforzamos denodadamente por hablar de verdad, cuando somos auténticos con el otro, cuando nos dejamos amar sin medida, cuando asistimos al perdón y la reconciliación, cuando alguien amado nace, o es sanado, o descubre su vocación. Es terrible abandonar la verdad a los cuatro rincones del dolor en los que sabemos que lloramos, y no considerar vida cuanto sucede en el sillón de nuestras casas, en lo cotidiano, en las comidas y cenas, en las visitas, en las conversaciones, en el pacífico estudio, lectura y búsqueda de la verdad.

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