Por Catherine Cheong, F.I

La experiencia de ir a Bangladesh fue intensa. Fue tanto un momento de tristeza y de alegría. La primera reacción que tuve cuando vi la pobreza y las privaciones fue preguntarme por qué los hijos de Dios tenían que vivir de esta manera.

Pero cuando fui más allá, vi grandes valores que la mayor parte del mundo está olvidadndo: la hospitalidad, el respeto, la calidez y el cuidado de otro ser humano. Este es el lugar en el que el espítiu de la Madre Cándida está muy presente, y al que le hubiera encantado ir.

Vi a las cinco hermanas con sus escasas comodidades, pero felices y cerca unas de otras. Con todas las limitaciones humanas y las dificultades, han logrado crear realmente la comunidad y llevar el Carisma a esta parte del mundo.

Me recuerdan a las primeras hermanas que fueron a Brasil. ¿Quién hubiera pensado que en esta parte del mundo, que es generalmente desconocida por la mayoría de la gente, nos encontraríamos con una residencia para las niñas, con el Espíritu de Santa Candida muy vivo? Centrado en el cuidado de las niñas y mujeres jóvenes, en darles educación cristiana, y en servir a los más desfavorecidos.

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