Lorena Jiménez, de 32 años, nunca tuvo problemas para encontrar trabajo.
Tenía una hipoteca, una vida encarrilada y una experiencia como
enfermera veterinaria que le permitía encadenar contratos con facilidad.
Irrumpió la crisis. Se quedó en el paro. Y su vida se fundió en negro.
“Jamás me habría visto aquí”, relataba esta semana desde el Banco de los
Pobres, donde acude a recoger comida para sus padres pensionistas.
Ahora vive con ellos. En la misma cola de los nuevos pobres, David
Parra, de 29, carga arroz y conservas. Con 420 euros de ayuda familiar
apenas puede pagar el alquiler. Tiene que alimentar a su hija de dos
años “¿Cómo quieren que nos fiemos de los políticos?”, afirma este
simpatizante del 15-M.
Foto de Jose Jordán

No hay comentarios:
Publicar un comentario