Homilía en la Capilla Papal en la solemnidad de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo
A las 9 horas de hoy, solemnidad de los santos apóstoles Pedro y Pablo,
en la Basílica Vaticana, Benedicto XVI impuso el sacro palio, en la
Confesión del Apóstol Pedro, a 43 nuevos arzobispos mtropolitanos. A
otros tres prelados el sacro palio les será consignado en sus sedes
metropolitanas.
A continuación, el papa presidió la concelebración
eucarítisca con los nuevos arzobispos metropolitanos. Como es habitual
con ocasión de la Fiesta de los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos
de la ciudad de Roma, estuvo presente en la santa misa una delegación
del Patriarcado Ecumenico de Constantinopla, compuesta por: su eminencia
Emmanuel Adamakis, metropolita de Francia, director de la Oficina de la
Iglesia ortodoxa ante la Unión Europea; su gracia Ilias Katre, obispo
de Philomelion, Estados Unidos; reverendo diácono Paisios Kokkinakis,
codicógrafo del Santo Sínodo del Patriarcado Ecuménico.
En el curso de la celebración eucarística, tras la lectura del Evangelio, el papa pronunció la homilía que ofrecemos aquí.
Señores cardenales,
Venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio,
Queridos hermanos y hermanas:
Estamos reunidos alrededor del altar para celebrar la solemnidad de
los santos apóstoles Pedro y Pablo, patronos principales de la Iglesia
de Roma. Están aquí presentes los arzobispos metropolitanos nombrados
durante este último año, que acaban de recibir el palio, y a quienes va
mi especial y afectuoso saludo. También está presente, enviada por su
santidad Bartolomé I, una eminente delegación del Patriarcado Ecuménico
de Constantinopla, que acojo con reconocimiento fraterno y cordial. Con
espíritu ecuménico me alegra saludar y dar las gracias a The Choir of Westminster Abbey,
que anima la liturgia junto con la Capilla Sixtina. Saludo además a los
señores embajadores y a las autoridades civiles: a todos les agradezco
su presencia y oración.
Como todos saben, delante de la Basílica de San Pedro, están
colocadas dos imponentes estatuas de los apóstoles Pedro y Pablo,
fácilmente reconocibles por sus enseñas: las llaves en las manos de
Pedro y la espada entre las de Pablo. También sobre el portal mayor de
la Basílica de San Pablo Extramuros están representadas juntas escenas
de la vida y del martirio de estas dos columnas de la Iglesia. La
tradición cristiana siempre ha considerado inseparables a san Pedro y a
san Pablo: juntos, en efecto, representan todo el Evangelio de Cristo.
En Roma, además, su vinculación como hermanos en la fe ha adquirido un
significado particular. En efecto, la comunidad cristiana de esta ciudad
los consideró una especie de contrapunto de los míticos Rómulo y Remo,
la pareja de hermanos a los que se hace remontar la fundación de Roma.
Se puede pensar también en otro paralelismo opuesto, siempre a propósito
del tema de la hermandad: es decir, mientras que la primera pareja
bíblica de hermanos nos muestra el efecto del pecado, por el cual Caín
mata a Abel, Pedro y Pablo, aunque humanamente muy diferentes el uno del
otro, y a pesar de que no faltaron conflictos en su relación, han
constituido un modo nuevo de ser hermanos, vivido según el Evangelio, un
modo auténtico hecho posible por la gracia del Evangelio de Cristo que
actuaba en ellos. Sólo el seguimiento de Jesús conduce a la nueva
fraternidad: aquí se encuentra el primer mensaje fundamental que la
solemnidad de hoy nos ofrece a cada uno de nosotros, y cuya importancia
se refleja también en la búsqueda de aquella plena comunión, que anhelan
el Patriarca ecuménico y el Obispo de Roma, como también todos los
cristianos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario