06 junio 2012

Acepta, cuida, aprende...

Acepta con humildad tus límites. Vive la acogida, pero sin convertirte en una oficina de información o beneficiencia. Cuida tu descanso, tu silencio, tu oración, tu tiempo libre. Aprende a abreviar una conversación, a recibir las visitas en los momentos adecuados y si es necesario aplazarlas, e ir directo a lo esencial. La profundidad en la escucha no se mide por la prolongación de la conversación. No es bueno hablar sin medida, está en peligro de decir lo que no se debe y dejarse llevar por todo viento de doctrina, como niños arrastrados y sacudidos por el viento de inútiles y vanas conversaciones. De todos modos, nunca podrás dar respuesta a todas las preguntas ni satisfacer todas las peticiones.

 Un camino monástico en la ciudad, Pierre-Marie Delfieux

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