"Me gusta aplicar al Espíritu Santo un verso del salmo
16. Considero dicho salmo como la
profesión de lealtad de un sacerdote en su consagración, o de un levita en su
dedicación, Y como confesión de su experiencia espiritual. El verso dice:
'Bendigo al Señor que me aconseja;
aun de noche me instruyen mis entrañas» (Sal 16, 7).
Por encima de muchos consejeros humanos, este orante cuenta
con Dios como consejero personal a cuya voz hacen eco las entrañas instruyendo
desde dentro. Están sintonizadas y
resuenan. En otras palabras, el consejo
de¡ Espíritu provoca la respuesta interna, resonante y consonante del
creyente. De este modo, enseñanza y
consejo son asimilados y personalizados.
Es decir, no permanecen como algo abstracto y genérico, sino que se
individualizan y personalizan en cada ocasión."
Luis
Alonso Schökel, SJ: Al aire del Espíritu, Sal Terrae, 1998, pg. 62
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