01 mayo 2012

La BARCELONA MÍSERA

No son espacios evidentes, perceptibles para el ciudadano ajeno a la zona, sino más bien recovecos, escondrijos, rendijas en la trama urbana de Barcelona, en su zona más postulante. Aquella que persiguiendo la innovación y el talento también hospeda miseria: el 22@. Un recorrido algo más exhaustivo, fintando entre jóvenes ingenieros del norte de Europa que apuran el cigarro de media mañana, sí permite dar con esos reductos abyectos: campamentos de caravanas, asentamientos irregulares, naves ocupadas. Hay 21 en el distrito de Sant Martí, al que pertenece el barrio tecnológico barcelonés, 36 en toda la capital catalana, y en ellos subsisten 834 personas.
Extranjeros, salvo excepción no contabilizada, como Cosmin, un rumano de etnia gitana, igual que los cuatro que hace algo menos de un mes fallecieron ahogados por el humo en una chabola de la calle Bilbao. Apenas a unas manzanas, en la confluencia entre Llull y Pamplona, el recuerdo está latente. Como sus compañeros fenecidos, este padre de familia prefiere mantener a sus hijos en su país de origen, deslomarse recogiendo chatarra y gastar lo mínimo para enviar el resto a casa. Adecenta el solar en el que vive con otras 11 personas, todas adultas, con una escoba autofabricada y ofrece la espalda a la cámara para entonces desahogarse. "Aquí nos puede pasar cualquier día lo mismo, nosotros también podemos quemarnos pero no tenemos otro sitio para dormir. No queremos que nos echen". Es ése su mayor temor y por eso la conversación transcurre con celeridad.
Foto de Jordi Soteras

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