"Me deslizaré muy lentamente por el día, sin forzarlo, sin prisas. Gratitud, siento de pronto una fuerte gratitud... Dios, cógeme de tu mano, te acompaño sin resistirme. No rehuiré nada de lo que me llegue en la vida, lo asimilaré con todas mis fuerzas, pero dame de vez en cuando un breve instante de tranquilidad... Me gusta estar protegida por el calor y la seguridad pero tampoco me rebelaré si entro en el frío, siempre y cuando sea de tu mano. Iré a todas partes de tu mano y quiero procurar no tener miedo. Intentaré irradiar algo del amor, del verdadero amor humano que hay en mí, en cualquier parte que esté... No quiero ser nada especial, sólo quiero ser aquella que, interiormente, todavía está buscando su pleno desarrollo... Prometo que viviré al máximo esta vida y que seguiré adelante. A veces pienso que mi vida empieza ahora mismo.
También hay que saber aceptar que se tienen momentos estériles. Cuanto más honestamente se acepte, más pronto pasa un momento así. Hay que tener valor para hacer una pausa. También hay que atraverse a estar vacía y abatida.
Cómo se sitúa una interiormente ante los acontecimientos de la vida, eso determina el destino (...) De pronto se me cae todo el peso de encima y surge una especie de bienestar en mi y hacía mí, y aparece un velo a través del cual se ve la vida más suave y amable. Estar reconciliada con la vida... Dios mío, te agradezco que me vayas creado como soy. Te agradezco sentir una amplitud tan grande en mí, ya que esa amplitud no es otra cosa que estar colmada de Tí. En mi vida hay sitio para muchas cosas... Tú que me has dado tanto, Dios mío, permíteme también dar a manos llenas".
(Etty Hillesum)
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