03 mayo 2012

Entrevista a JOAQUÍN GARCÍA ROCA

Cuando se leen los trabajos de Joaquín García Roca se percibe inmediatamente que este hombre no es alguien que se haya dedicado al cultivo de la sociología académica, ni tampoco un teólogo al uso. Es un reconocido sociólogo, un gran teólogo y conocedor del mundo filosófico. No en vano tiene un doctorado en cada una de esas disciplinas. Investigador inquieto e incansable, tiene una curiosidad científica infinita pero que él siempre ha filtrado a través de su experiencia vital y su compromiso social, por eso sus temas de estudio y de trabajo han estado siempre relacionados con la solidaridad, las migraciones, la educación, el bienestar social y, también, cómo no (y este es su último trabajo, por cierto, premiado), la Espiritualidad para voluntarios. Es de esas personas que infunden respeto y a las que uno les concede sin ningún reparo la autoridad. No por su lejanía y formalidad sino justo por lo contrario: por su conocimiento de los problemas, su rigor analítico y su competencia, su cercanía y su cordialidad. Pensamos en él, como en tantas otras ocasiones, a la hora de pulsar algunos aspectos del complejo problema de Europa en nuestra revista.
Echando una mirada amplia sobre la UE, vemos que hemos ido del tratado de Maastricht y pasando por la entrada del euro (lo que supuso una de las cesiones más extraordinarias de soberanía que se habían conocido hasta entonces), a una situación de reforzamiento de las políticas nacionales, llegando a un momento como el actual donde tenemos problemas serios para avanzar en formas de soberanía compartida que nos permitan el establecimiento de una Unión Europea con un papel más identificado y relevante en la gobernanza actual. ¿Qué se ha hecho bien y qué se está poniendo en peligro gravemente en este proceso?
En tiempos de la dictadura, Europa era la solución, en tiempos de la democracia, la Unión Europea se ha convertido en una pesadilla. Para una generación de españoles, Europa era más que un territorio, era el lugar por excelencia de la libertad, de los derechos humanos, de la tolerancia, de la acogida de los exiliados y represaliados de la guerra civil. Allí fuimos a ampliar estudios, allí aprendimos otros modos de proyectar el futuro. ¿Qué sucedió para que ese sueño emancipador se haya convertido en un lastre de donde proceden actualmente las malas noticias? Europa exige recortes sociales… demanda más austeridad… requiere sacrificios. La construcción europea tiene graves problemas de diseño. Para unos ese defecto de diseño se reduce a la ausencia de mecanismos para garantizar la productividad y la competitividad, para mí el defecto de diseño es la articulación de los tres generadores cuyas lógicas no han sabido conciliarse: un Mercado Común, un Proyecto político y una sociedad civil europea. La racionalidad del mercado se apoderó de las otras dos racionalidades, y los Estados y los mundos sociales se han sometido a la única racionalidad mercantil, que imposibilitan construir Europa más allá de la racionalidad del mercado, y buscar una salida a sus crisis más allá del mercado. Es el mercado quien inicialmente construyó el ADN de Europa y a quien se le confía la resolución de sus problemas. Todas las instituciones locales, nacionales e internacionales quedan sometidas a la ley del mercado, aunque produzca enormes pirámides de sacrificios, debilite la democracia y desmovilice a la ciudadanía. Este imperio del mercado ahora domina la escena política europea más aplastantemente que nunca. Su última versión es el capital financiero que se reproduce a sí mismo y se independiza del proyecto político y de la sociedad civil europea. Hasta llegar a creer que la solución actual es la provisión de liquidez por parte de los bancos centrales, la estabilidad financiera y el estímulo a la demanda.

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