| Fotografía de Luis Tejido/EFE |
«El perdón no es el olvido, no es una obligación, sino un acto que libera, algo muy particular, de cada uno, no adjudicable de ser creyente o no, puesto que cualquiera puede perdonar según lo sienta. De lo que sí estoy segura es de que el odio y el resentimiento hace daño más a uno mismo que al agresor». Esta reflexión de Carmen Hernández, viuda de Jesús María Pedrosa, concejal del PP de Durango asesinado por ETA en 2000, forma parte del relato que tres víctimas del terrorismo compartieron ayer en primera persona, en la primera sesión del congreso sobre memoria y convivencia que se celebra hasta este domingo en Bilbao.
La memoria de Carmen Hernández, la de Joaquín Vidal, herido en un atentado en la cárcel de Sevilla, y la de Iñaki García Arrizabalaga, hijo de Juan Manuel García Cordero asesinado en Donostia en 1980, son solo tres ejemplos de los numerosos relatos del sufrimiento vivido por la violencia terrorista y en los que se aúna la reclamación de las víctimas de que el pasado no caiga en el olvido.
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