La burocracia puede matar a Lilly Marisol Cuá Puac, una joven guatemalteca de 23 años que
desde que era niña lucha denodadamente contra un tumor cerebral que
insiste en reproducirse con exasperante obstinación. No es un
diagnóstico alarmista, sensiblero, ni demagógico. Es la realidad. El pasado 20 de abril, Lilly y su madre, María, aterrizaron en Barajas.
La
enferma tenía su enésima cita con el quirófano: en esta ocasión, en el
Hospital Carlos Haya de Málaga. El Cordoma de Clivus, que así se llama
la neoplasia que anida en el interior de la cabeza de Lilly, había
vuelto a crecer, "lo que puede suponerle una complicación mortal", según explica sin medias tintas la pediatra Mercedes Alonso Pereda, la coordinadora de Senderos de Maíz, una ONG granadina
que, desde 2002, trabaja en Guatemala con niños y adolescentes que
sufren graves patologías o severas discapacidades que no pueden ser
abordadas en la nación centroamericana –una de las más pobres y
violentas del planeta.

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