La presentación de los Presupuestos Generales del Estado la pasada semana confirmó un recorte histórico de la ayuda al desarrollo que se añade a las importantes reducciones presupuestarias de los dos últimos años. La envergadura del recorte es lo más parecido a matar moscas a cañonazos: herir de muerte a la Cooperación Española haciendo una contribución marginal a la reducción del déficit público.
La decisión del Gobierno en este ámbito ignora las responsabilidades éticas más básicas de una potencia media en el mundo del siglo XXI. Por muy difíciles que sean nuestras circunstancias, las realidades son sencillamente incomparables. Estamos negando a regiones enteras como el Sahel –que agoniza a dos horas de Madrid en avión- el desecho de nuestros presupuestos. En el país del Aeropuerto de Castellón, la amnistía fiscal o los 6.300 millones de euros del Ministerio de Defensa, el reflejo que ofrece de nuestra sociedad no puede ser más devastador.
La decisión del Gobierno en este ámbito ignora las responsabilidades éticas más básicas de una potencia media en el mundo del siglo XXI. Por muy difíciles que sean nuestras circunstancias, las realidades son sencillamente incomparables. Estamos negando a regiones enteras como el Sahel –que agoniza a dos horas de Madrid en avión- el desecho de nuestros presupuestos. En el país del Aeropuerto de Castellón, la amnistía fiscal o los 6.300 millones de euros del Ministerio de Defensa, el reflejo que ofrece de nuestra sociedad no puede ser más devastador.
Por Gonzalo Fanjul

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