La falta de información es un denominador común en los casos de
ejecución hipotecaria de las familias Torres, Vargas y Vallejo. Vicente
Torres, 74 años, jubilado, fue avalista de su hijo en la compra de un
piso en Carabanchel, al suroeste de Madrid. El aviso de su desahucio
llegó inesperadamente y "con poca margen de maniobra", afirma su nieto,
Jonathan Torres, el que le está ayudando a enfrentarse a esta situación.
Jonathan no supo cómo actuar hasta que conoció a la PAH (Plataforma de Afectados por la Hipoteca).
Con los abogados de la organización, intenta negociar la dación en pago
y un alquiler social para que su abuelo, que está enfermo, no tenga que
dejar el piso.
Mauricio Esteban Vallejo se encuentra en un momento previo al
desahucio: su piso ya fue subastado y su avalista devolvió el suyo en
dación en pago. Caixa Galicia, entidad con la que tiene su hipoteca,
reclama una deuda de 70.000 euros por no haber conseguido cubrir todo el
valor con la subasta de la vivienda. Vallejo sabe que tendrá que dejar
la casa en breve, aunque espera que antes de recibir el aviso del
desahucio "sea posible seguir negociando con el banco" para que vuelva a
Ecuador sin deudas.

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