A las diez de la mañana todavía no ha comenzado la vida en el barrio y
los clientes llegan con cuentagotas. Mientras Seydina Mane revisa los
caquis, María Jesús y Mamadou guardan las cajas llenas de fruta que
llegaron hace un rato en el reparto. En los veinte metros cuadrados en
los que se están moviendo están conviviendo cuatro nacionalidades
diferentes: española, mauritana, senegalesa y guineana.”Esto es la ONU”,
asegura sonriendo María Jesús, la jefa de tienda.
La frutería es una iniciativa sociolaboral que ofrece trabajo a
jóvenes en riesgo de exclusión social. Detrás del proyecto está la
fundación La Merced Migraciones que lleva veincinco años atendiendo a
inmigrantes en Madrid con pisos para menores que llegan solos a España y
cursos de formación. “Nos dimos cuenta de que el empleo es un caballo
de batalla difícil de integrar en los procesos que se llevan con los
chicos”, asegura Alejandro Bernal, gerente de Puentes para la Ilusión,
la empresa de inserción que ha puesto en marcha la frutería. De ahí
sacaron idea de crear la empresa, un comercio como cualquiera de los que
encontramos en nuestro barrio pero con una diferencia: “aquí no hay
ánimo de lucro”, dice María Jesús. En La Merced cada empleado tiene su
sueldo y los beneficios los invierten en la creación de más empleo.
“El cien por cien de los beneficios van para ellos y para mantener las
estructuras de inserción. Es un pequeño comercio que posibilita la
contratación de seis personas, cuatro de ellas en riesgo de exclusión
social. Eso, en un tiempo de crisis como el que vivimos, es muy
importante”, cuenta Bernal.
Por Lydia Molina

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