Santa Teresita de Lisieux escribe a la madre María de Gonzaga en junio de 1897: "Este año, querida Madre, el buen Dios me ha hecho la gracia de comprender lo que es la caridad". Afirma que ha experimentado una ulterior conversión en la caridad, que consiste en ver concretamente cómo su amor a sus cohermanas es realizado en ella por el mismo Jesús: "Sí, lo siento; cuando soy caritativa, es Jesús solo el que obra en mí; cuanto más unida estoy a Él, más amo a todas mis hermanas".

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