06 febrero 2012

Por una Iglesia en marcha

Hemos comenzado un año más, que debemos aprovecharlo; no pode-mos perderlo inútilmente añorando el pasado y creyendo que poco o nada se puede hacer hoy desde una Iglesia en marcha y dispuesta a cambiar, dando pasos hacia delante. Cualquier observador mínimamente atento a su entorno descubre que hay sectores de la Iglesia en los que pesa tanto la nostalgia de épocas pasadas que les gustaría un cierto retorno al pasado. Son cada vez más las comunidades en las que se aprecian acciones de repliegue y actitudes defensivas. El clima de inseguridad frente al futuro, la pérdida de la voz de la Iglesia. activan los mecanismos de defensa. Hasta tanto que uno de los grandes sueños tan esperados en la Iglesia, el Concilio Vaticano II, es visto desde la sospecha, incluso olvidando algunos textos básicos. Existe una confusión muy peligrosa y difícil de detectar. No es lo mismo la nostalgia del pasado que el retorno a las fuentes. Aparentemente, los dos términos se parecen mucho, pero tienen poco que ver. La nostalgia del pasado implica un rechazo del presente, alimenta la convicción de que la seguridad se encuentra en reproducir los escenarios de antaño, en repetir sus ritos, en reconstruir un mundo que ya no existe. La incapacidad de mirar el horizonte estimula el regreso al pasado, donde se encuentra la seguridad.
Por Juan Azpitarte

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