¿Qué futuro tienen los Sacramentos aquí en Europa, cuando se dice
que estamos entrando en un mundo que ha dejado de ser cristiano,
religioso y, en consecuencia, ha dejado de ser sacramental y ritual?
¿Tienen futuro los siete sacramentos de la Iglesia –bautismo,
confirmación, eucaristía, penitencia, unción de los enfermos, matrimonio
y orden ministerial-? O tal vez ¿el Espíritu nos está ofreciendo
oportunidades nuevas para dejarnos configurar como Iglesia y proponer a
los demás el estilo sacramental y simbólico del siglo XXI, en unas
sociedades que algunos definen como “pos-religiosas”?
1. Digamos, ante todo, que el futuro de los sacramentos no depende sólo de nosotros. Ellos son acciones de Dios, a través de las cuales, mantiene y cuida su Alianza con el ser humano y la creación.
El Espíritu Santo es el gran actor de la sacramentalidad de la Iglesia
(Jn 14,26); y desde Él Jesús resucitado sigue presente en medio de
nosotros y actúa (Jn 14,17-18): Él es fiel, que no puede negarse a sí
mismo (2 Tim 2,13). Lo tenemos asegurado. Los sacramentos, acciones de
Dios y del Señor Jesús en la Iglesia y en el mundo, tienen futuro.
Importante para nosotros es, sin embargo, reconocer dónde está actuando
el Espíritu, hacia dónde nos lleva, qué formas de sacramentalidad nos
está concediendo; importante es vigilar y orar porque no sabemos por
dónde viene el Hijo del Hombre para revitalizar nuestra sacramentalidad y
darle futuro.
Por José Cristo Rey García Paredes cmf

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