Un día fui con mi comadre, la vecina, y con dos hermanas, a su finca, donde tiene los plátanos. Es precioso. Uno cuando se mete en la selva, le impresiona. Vas caminando detrás de esa mujer que va como bailando. Es decir, sabiendo sortear todos los peligros, porque no hay caminos. Es una trocha que no se ve. Cuando llegamos a su finca, nos pusieron los plátanos detrás en la espalda, engarzados en la cabeza con una cuerda. Yo venía detrás, pero al pasar un puente me escurrí, y sentí que en la pierna izquierda, me entró algo frío. Y cuando miré, vi un palo que se me había atravesado en la pierna. El jefe que es curandero, se quedó mirando y decía: "Dolores se cayó". Y empezaron a decir que la indígena, mi comadre, me había tirado, que su espíritu me quería mal, y me había tirado porque me había caído en su finca. Y ese es el muro, el bloque que vemos en la mente de este pueblo en que por eso, crean enemistades. Cuando una persona muere, van a buscar al adivino a ver quién mató a su papá, o a su hermano, y quién le mandó ese maleficio.
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