Lo primero de todo es afirmar que declarar santo a una persona depende de la idea que tengamos de santidad. Mejor: depende de la idea que tengan de santidad los que declaran a alguien santo. ¿Por qué no es santo monseñor Romero? ¿Cómo es posible que su causa vaya más lenta que la de Juan Pablo II? Ahí hay algo de ideología.
Hace años (antes de ordenarme, o sea, muchos años) leí un número de Concilium dedicado al tema de la santidad y de las canonizaciones. Un artículo presentaba el caso de una monja del siglo XVII o XVIII cuyo proceso se había iniciado tres veces diferentes a lo largo de un periodo de tiempo. Cada vez se había presentado su vida subrayando un aspecto diferente, curiosamente siempre en coincidencia con lo que en la Iglesia en aquel momento se entendía como más importante. Primero había sido una monja muy misionera, luego había sido una monja muy mística y, al final, había sido una monja entregada a la caridad.
Como dijo un compañero mío a un alumno sacerdote que había fundado una congregación, arrodillándose ante él: “Beso la mano de un futuro santo”. Un proceso es algo largo y caro. Muy caro. Hace falta una organización potente, generalmente una congregación religiosa, tras del santo para que llegue al final de la carrera.
Hace años (antes de ordenarme, o sea, muchos años) leí un número de Concilium dedicado al tema de la santidad y de las canonizaciones. Un artículo presentaba el caso de una monja del siglo XVII o XVIII cuyo proceso se había iniciado tres veces diferentes a lo largo de un periodo de tiempo. Cada vez se había presentado su vida subrayando un aspecto diferente, curiosamente siempre en coincidencia con lo que en la Iglesia en aquel momento se entendía como más importante. Primero había sido una monja muy misionera, luego había sido una monja muy mística y, al final, había sido una monja entregada a la caridad.
Como dijo un compañero mío a un alumno sacerdote que había fundado una congregación, arrodillándose ante él: “Beso la mano de un futuro santo”. Un proceso es algo largo y caro. Muy caro. Hace falta una organización potente, generalmente una congregación religiosa, tras del santo para que llegue al final de la carrera.
Por Fernando Torres

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