21 abril 2011
reaprender
El Jueves Santo es el día de los dones concedidos y los dones arrebatados.
la Iglesia sabía que este día era el comienzo de un nuevo modo de estar en el mundo.
El Jueves Santo, como nos recuerda la liturgia, suceden cuatro cosas que cambian nuestra vida, que describen el arco de la vida de Jesús, que prometen cambiar el mundo que conocemos, que nos dejan con decisiones que tomar... si, por supuesto, puede penetrar en nuestro corazón lo suficiente para cambiarnos a nosotros primero.
En la liturgia del Jueves Santo, Jesús se entrega para el tiempo futuro. Al partir el pan y alzar la copa, signos de la bendición pascual, y con las palabras «Haced esto en memoria mía» (Le 22,19), Jesús establece el paso que le llevará a Él y nos llevará a nosotros a la nueva vida. Y establece también la nueva comunidad, de la que Él es Camino y Verdad.
Jesús es modelo de una nueva clase de autoridad, un liderazgo-servicial que sirve a los miembros en lugar de esperar ser servido por ellos. Hace lo que en aquella cultura hacían los esclavos: Él, el Señor, lava los pies de la comunidad. No utiliza la autoridad en beneficio propio. Se entrega para salvar a su comunidad, para liberarla para que funcione, no para que domine.
Después se dirige al Huerto de los Olivos a esperar la suerte que conlleva hacer la voluntad de Dios en una sociedad que afirma ser religiosa, pero que oprime a los pobres, ignora a los necesitados y se endiosa a sí misma. Y va a ese lugar sabiendo que al entregarse a ellos perderá la vida por el bien de ellos.
¿Se ha dado en nosotros el paso de la vida antigua a la nueva? ¿Aceptamos lo que se nos ha dado? ¿Seremos lo que estamos destinados a ser? ¿Seguiremos realmente a Jesús o nos limitaremos a mirar de lejos?
El triduo pascual, nos lleva al corazón de estas preguntas. El mandato de Jueves Santo en el lavatorio de los pies -«Os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros» (Jn 13,15)- y el mandato del mismo Jueves Santo al partir el pan -«Haced esto en memoria mía»-son el sello de nuestra conversión.
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