Es frecuente, con motivo de las fiestas de Navidad, intercambiar regalos con los amigos y familiares. Yo he tenido la suerte de recibir algunos y entre ellos, el de un libro: “Te enseñaré el fervor”. Me sirvió de compañía en los aeropuertos, en los tiempos de espera antes de embarcar los días previos a Navidad.
No pretendo resumir las ciento cincuenta páginas del libro, pero sí decir que me ha dado luz un argumento que el autor, Xavier Quinzá., desarrolla en la primera parte del texto. Es verdad que cuando se cita de forma atomizada y extrapolada, es fácil no transmitir bien el sentido o transmitirlo con sentido totalmente distinto.
Al ir leyendo las distintas páginas, en el margen anoté: “Deseo-Esperanza-Amor / Posesión”. Hemos avanzado, durante el tiempo de Adviento, con el fuerte deseo de la Navidad. Si tuviéramos que identificar este tramo del Año Litúrgico, lo señalaríamos como tiempo de esperanza. El deseo suscita esperanza. A su vez, la esperanza, fruto del deseo, se presenta como pasión, y “¡si es una pasión sólo podemos padecerla!” Porque “una esperanza apasionada es una esperanza que duele”. Es mejor experimentarla como don que se recibe.
Por Ángel Moreno de Buenafuente

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