Con el itinerario del año litúrgico recorremos el camino de la vida de Jesús, y a la vez descubrimos el sentido de nuestras propias experiencias.
Nos lleva a lo más profundo de lo que significa ser humano a la manera de Dios.
Sufrir y cuestionarse, conocer el abandono y el falso apoyo, creer y
dudar...Nos abre a la divinidad.
Nos proporciona la energía para alcanzar la plenitud.
Nos calma cuando vamos dando traspiés de acá para allá.
Nos enseña a esperar lo que está más allá de lo obvio, adiestrándonos a ver lo que hay detrás de lo aparente.
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