La guerra mexicana contra el narcotráfico dejó al menos 110 niñas y niños muertos en tres años y más de 10.000 huérfanos en Ciudad Juárez, la más violenta de América Latina. La sociedad civil intenta que los futuros gobernantes atiendan a este sector de la población.En Juárez se respira desesperanza. Las calles desiertas y las casas deshabitadas -se calcula que hay unas 100.000- dan cuenta de la derrota de una sociedad que en casi dos décadas pasó del horror a la indignación, la rabia y el agotamiento. La noche, que alguna vez fue viva en el centro, impone una suerte de toque de queda voluntario. Pocos se animan a caminar por las aceras, aun de día, y la mayoría piensan dos veces antes de contestar llamadas de teléfonos desconocidos. Un tercio de las tiendas están cerradas.
Verito tiene siete años. En diciembre, sus maestros fueron obligados a entregar sus aguinaldos al crimen organizado para que los alumnos no fueran lastimados en esta ciudad norteña y fronteriza con Estados Unidos. “Dicen que amenazaron a la directora con ponerle bombas en la escuela, y por eso cancelaron las clases”, cuenta la niña. Ella sabe que en su ciudad hay gente que secuestra y mata a los más jóvenes. Y que “todos” los adultos pagan “la cuota” a la mafia. “La cuota es dinero”, describe. Y luego cuenta que sueña con una ciudad “que sea igual, pero sin violencia, que no existan las noticias”.
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