El terremoto en Haití dejó cerca de trescientos mil muertos, más de un millón de personas sin techo y unos tres millones de damnificados. Cuantro meses después la esperanza de ver surgir de las ruinas y de los escombros un país nuevo y diferente se va diluyendo en escepticismo e incertidumbre, según un reciente Informe elaborado por el Servicio Jesuita a Refugiados de Haití (SJR).Según este documento, la realidad concreta del pueblo haitiano no ha cambiado sustancialmente: las condiciones de vida de los damnificados siguen siendo iguales o peores, están abandonados por las autoridades, persisten las dificultades para la distribución de ayuda humanitaria y las zonas afectadas están aún bajo los escombros.
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