27 abril 2010

COMUNICADO de la CONFERENCIA ESPAÑOLA de RELIGIOSOS sobre los ABUSOS a MENORES

Los religiosos y religiosas de España estamos comprometidos en nuestro quehacer apostólico, de cualquier clase que sea, con el respeto a la vida y a los derechos de los más pobres y de los más vulnerables de la sociedad. Muchos de nuestros hermanos y hermanas han dedicado y continúan dedicando sus vidas, con ejemplar entrega, a la tarea educativa, pastoral y social de niños y jóvenes que constituyen una de las franjas importantes entre los más vulnerables de nuestro mundo.
Desde este compromiso y dedicación, Confer considera un deber manifestar una palabra pública ante la gravedad de los hechos de abusos a menores que se imputan a sacerdotes y religiosos. Son hechos doblemente graves: ante las leyes civiles y la sociedad, pero más aún ante la Iglesia, en cuanto han sido cometidos por personas que gozaban de la confianza de los padres, los mismos niños y jóvenes y de la comunidad eclesial. Se ha manifestado una conducta en flagrante contradicción con el testimonio que exigía esa confianza fundada en su condición de sacerdotes o religiosos.
Son delitos que trascienden el lugar donde han sido cometidos y se convierten en una mancha global para la vida consagrada y, por tanto, para la Iglesia. Desde aquí queremos manifestar el deseo de acoger, con todo el afecto que nos es posible, a las víctimas y a sus familiares, a quienes se ha herido tan profundamente; queremos escuchar sus angustias y solidarizarnos en su dolor y reclamo de justicia. Somos conscientes de que para ello es necesario reconocer ante Dios y ante la sociedad la gravedad y la culpabilidad de las actuaciones cometidas contra niños indefensos y el tratamiento de ocultación que institucionalmente, durante mucho tiempo, se les ha dado. Ese reconocimiento público de la Iglesia lo ha hecho el mismo Papa con humildad, sinceridad y valentía. Los religiosos y las religiosas, miembros con especial responsabilidad pastoral en la Iglesia, nos sentimos solidariamente consternados y avergonzados, dispuestos a buscar remedios eficaces "para garantizar que en el futuro los niños estén protegidos de semejantes delitos" (Benedicto XVI, Carta pastoral a los católicos de Irlanda, n. 2). A la vez, pedimos la gracia de la misericordia de Dios para aquellos que han traicionado la confianza de los más vulnerables y el ministerio sacerdotal, a fin de que obtengan el perdón de Jesucristo reconociendo la gravedad de sus actos y sometiéndose a la exigencia de la justicia humana.

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